Guía para afrontar la pérdida de un ser querido

El conocimiento que se tiene sobre el duelo puede marcar la diferencia en la recuperación emocional y afectiva de los allegados.

¿Qué es un duelo?

El duelo nos afecta en una variedad muy amplia de situaciones. Es posible que actividades sencillas de la vida cotidiana, tales como dormir, comer, descansar, relacionarnos con otros, concentrarnos en tareas simples o tomar decisiones, nos empiecen a costar un gran esfuerzo. Por lo general, al principio, los síntomas físicos son más intensos y los pensamientos son confusos y parecen anclados, dando vueltas, una y otra vez, alrededor de la misma pregunta: “¿Por qué?”

Con el paso del tiempo, los síntomas psicológicos están más presentes, nos volvemos muy sensibles y fácilmente irritables. Es primordial comprender que hay muchos sentimientos, pensamientos o reacciones que son normales frente a las pérdidas; ellos son parte del proceso de elaboración y nos ayudan a adaptarnos, a volver a concebirnos, a estructurarnos de nuevo sin la presencia del ser querido.

¿Cómo nos afecta el duelo?

El duelo nos afecta en una variedad muy amplia de situaciones. Es posible que actividades sencillas de la vida cotidiana, tales como dormir, comer, descansar, relacionarnos con otros, concentrarnos en tareas simples o tomar decisiones, nos empiecen a costar un gran esfuerzo. Por lo general, al principio, los síntomas físicos son más intensos y los pensamientos son confusos y parecen anclados, dando vueltas, una y otra vez, alrededor de la misma pregunta: “¿Por qué?”

Con el paso del tiempo, los síntomas psicológicos están más presentes, nos volvemos muy sensibles y fácilmente irritables. Es primordial comprender que hay muchos sentimientos, pensamientos o reacciones que son normales frente a las pérdidas; ellos son parte del proceso de elaboración y nos ayudan a adaptarnos, a volver a concebirnos, a estructurarnos de nuevo sin la presencia del ser querido.

¿Cuánto tiempo se espera que dure el proceso de duelo?

El proceso de duelo es variable y depende del tipo de pérdida particular (el ser querido fallece de modo natural, siendo mayor, en comparación con una muerte accidental de una persona joven); de las características personales de quien experimenta el duelo (el significado particular que tiene la pérdida, la calidad de relación que tenían, el apoyo social con el que se cuenta, y el estado de salud actual, entre otros); y de las circunstancias que acompañaron el fallecimiento (una muerte trágica o por suicidio).

Se estima alrededor de un año para que las manifestaciones emocionales más fuertes cesen, y hasta dos o tres años para retomar el sentido de una nueva vida. Se considera de cuidado, cuando pasado este tiempo, hay una dificultad para retomar la funcionalidad en situaciones físicas o psicosociales. Es necesario ser conscientes de que sucesos a veces inesperados, o aniversarios, navidades y cumpleaños, producen sensaciones temporales de “recaída” que son normales.

¿Cuáles son las fases necesarias por las que se atraviesa en un proceso de duelo?

Las respuestas emocionales ante un duelo se pueden agrupar en tres grandes categorías:

  • Evitación. Puede incluir shock, insensibilidad, negación e incredulidad. En esta fase las emociones están un poco “dormidas”, casi anestesiadas.
  • Confrontación. Es una fase de estados emocionales muy intensos, como depresión, ansiedad, irritabilidad, culpa, enojo, indignación e inseguridad, en la que la persona tiene que aprender a encarar la pérdida del ser querido. Constantemente se comprueba que la otra persona ya no está y se sienten reacciones muy fuertes.
  • Acomodación. Es una etapa en la que las reacciones emocionales se van debilitando gradualmente, y la persona empieza a experimentar un reingreso a la vida cotidiana, ya sin la persona fallecida; con pena, aprende a vivir con la pérdida.

¿Cuáles son las tareas necesarias en cada fase?

De acuerdo con J. William Worden (1996:12)

  • Aceptar la realidad de la pérdida.
  • Experimentar el dolor y las demás respuestas emocionales descritas.
  • Ajustar el ambiente a la falta de la persona fallecida.
  • Relocalizar a la persona fallecida al interior de la vida propia, y encontrar formas de recordarla.

Algunas consideraciones

La muerte de los padres

Parece la más natural de las muertes, porque la mayoría la hemos considerado en algún momento. Gracias a nuestros padres existimos, y cuando fallecen, nos dejan muchas preguntas.

Perder a los padres es como perder los archivos de la vida, de nuestro pasado; nadie nos conoce tanto como nuestros padres. Ellos nos ayudan a formar la idea de quiénes somos y de qué es el mundo.

La respuesta de duelo estará afectada por el tipo de relación que se tenía -la edad del padre fallecido y la de uno-, además de las circunstancias que acompañaban la vida de ambos. Mientras más adulto se es al momento de perder a los padres, hay más memorias compartidas, y posiblemente, más contacto regular con ellos. A menudo, los hijos adultos se hacen cargo de los padres mayores: los asisten física, social, emocional y hasta financieramente, por lo que su pérdida trae mucho vacío.

Es importante saber que al perder al segundo de los padres se siente mucha soledad, abandono y desamparo. Ya no habrá una casa para ir a visitarlos. (Auz y Lyons, 2010: 59). Se pasa a ser huérfano.

A veces la muerte de los padres conlleva otras situaciones secundarias, como rivalidades entre hermanos o entre otros familiares. Otras veces trae mayor unión familiar; nuevas formas de comunicación, que incluso, ayudan a resolver viejos conflictos.

Es normal que en el proceso de duelo haya otros sentimientos negativos además del dolor: resentimiento, ira o culpa, en especial si la relación con el padre fallecido era distante o conflictiva.

¿Qué hacer?

  • Tomar conciencia de estos sentimientos y comprenderlos.
  • Poner en palabras lo que siente, ya sea hablando o escribiendo.
  • Si hay algo que uno se reprocha, evaluar las circunstancias particulares de lo sucedido.
  • Si hubo errores, aceptarlos y trabajar en el perdón.

Sea cual sea la historia de cada persona, los padres son parte de los hijos. Sin importar nuestra edad, habremos perdido a la persona para quien siempre fuimos niños.

El duelo infantil

Los niños requieren información que sea veraz, clara, sencilla y comprensible. Como sugieren Martin M. Auz y Maureen Lyons Andrews, (2010: 29): Utilice un lenguaje directo, hable de la muerte. Por ejemplo, abrazándolo le puede decir “Tengo malas noticias: papá se puso muy mal en la clínica y murió”. Evite decir “descansó”, “se fue de viaje”, “se quedó dormido para siempre”, o alguna otra expresión que le haga tener al niño falsas expectativas. Los niños se toman al pie de la letra las palabras, motivo por el cual pueden empezar a preguntarse por qué el ser querido no se despidió, o a tener temor de dormir.

Es importante tener en cuenta la edad del infante; antes de los diez años, ellos no comprenden del todo conceptos abstractos como el final de la vida, o que la muerte es irreversible; por esta razón, las experiencias previas con la muerte de otros seres queridos, personas o mascotas, pueden servir para explicar que la muerte es parte natural de la vida.

Es fundamental admitirles participar en los procesos de duelo y contestar todas sus preguntas. Es de gran ayuda describir lo que va a pasar en el funeral: “Vamos a ir a un parque cementerio y luego asistiremos a una ceremonia; el ataúd va a estar abierto o cerrado; va a haber personas llorando porque van a estar tristes”.

Los niños necesitan saber que van a ser cuidados. A veces la pérdida de un padre viene acompañada del miedo de perder al que queda; mantener una estructura de disciplina y límites, por lo general, hace sentir a los niños que ellos son queridos. Es fundamental ofrecerles la máxima seguridad posible, y, preferiblemente, evitar otros cambios inicialmente, como el de colegio, por ejemplo.

Exteriorizar el dolor ante ellos les da la idea de que es normal sentirse afligido por la pérdida de un ser querido, y esto a su vez, los autoriza para manifestar los propios sentimientos. Es importante permitirles expresar sus emociones y validarlas: es frecuente que los niños manifiesten ansiedad o estallidos de cólera, más que tristeza, así como cambios en el rendimiento escolar; incluso que se nieguen a ir a la escuela.

Es frecuente que los niños se pregunten si ellos causaron la muerte de su ser querido, por tanto, es primordial reasegurarles que ellos no son culpables. La culpa está muy presente, en particular, en la muerte de los hermanos, dado que es común que discutan, compitan, o estén en desacuerdo. En especial se reporta cierto temor a continuar con la vida propia y a estar felices, como si esto pudiera ser interpretado como insensibilidad ante el fallecimiento del hermano. Es entonces importante reafirmarles que la muerte no es causada por algo que ellos hicieron, sintieron o pensaron.

Honrar la memoria del ser querido que falleció puede ser de gran ayuda: hacer un álbum, contar historias, encender una vela y, en general, todo lo que permita recordarlo.

La pérdida de un hijo

Esta pérdida representa un dolor muy intenso, pues es la menos natural de las muertes. Con el hijo se va gran parte del sentido de la vida propia y de los sueños.

Cuando un hijo muere, los padres sienten que algo de sí mismos murió también. No importa la edad del hijo, era su niño(a).

El proceso de duelo, como tal, se espera que tenga respuestas emocionales muy intensas y duraderas: más incredulidad, culpa, rabia y desolación; también más reacciones físicas y más preguntas existenciales, como “¿Por qué pasó esto?”, “¿Por qué a mí?”. A su vez, una profunda confrontación con el sentido de la vida y con la propia muerte.

A veces se pueden producir tensiones y conflictos por las diferentes formas como cada miembro de la pareja acepta la pérdida (Worden & Monahan, 1993). Puede pasar que se culpe al otro de alguna manera, lo cual se manifiesta en reproches continuos o irritabilidad. La comunicación aquí es fundamental para poder lidiar con el dolor que ambos experimentan.

Se describe que los padres que pierden un hijo nunca vuelven a ser los mismos, pero también sienten que al elaborar el duelo, crecen con la pérdida y así, el amor y la vida alcanzan para ellos nuevos significados.

¿Qué hacer?

Los padres en duelo necesitan:

  • Contar su historia, el significado que para ellos tenía la vida del hijo, sus recuerdos memorables, y su lucha por vivir sin su presencia.
  • Escribir una carta al hijo fallecido, que exprese las ilusiones que cada uno tenía respecto a su vida.
  • Buscar a otros padres que hayan atravesado por la misma situación representa una fuente de apoyo invaluable.

Con frecuencia, la memoria del hijo fallecido es la fuente de inspiración para descubrir un nuevo sentido de vida.

La muerte de la pareja

Cuando la pareja muere, la persona experimenta la muerte, no sólo del presente y el pasado con el fallecido, sino del futuro. Con la pareja se comparten muchas metas, proyectos y sueños.

El proceso de duelo estará muy afectado por el tipo de relación que se tenía. Si la relación era conflictiva, puede haber más autorreproches; y si era muy cercana o dependiente, puede percibirse más sentido de injusticia y mayor dificultad para aceptar la realidad de la pérdida, en particular si la muerte ocurre muy temprano. En esta dirección, la psicóloga Nancy O´Connor (1990) dice: “Cuanto más cercana haya sido la relación con la persona que murió, más doloroso, complicado y prolongado será el proceso de despedida”.

Con frecuencia la pareja juega muchos roles: amigo, amante, compañero, confidente; es la pareja la persona con la que se toman decisiones. Uno de estos papeles es que ésta contribuye a afirmar la identidad, por lo que es necesario darse tiempo para pensarse y reestructurarse en el nuevo estado de viudez.

Es normal experimentar la sensación de parálisis, como si el tiempo se hubiera detenido, y que tomar cualquier decisión -hasta las tareas más sencillas de lo cotidiano-, cuesta mucho esfuerzo.

¿Qué hacer?

Es importante:

  • Darse tiempo antes de tomar decisiones.
  • Evitar emprender rápidamente una nueva relación afectiva para mitigar el sentido de dolor y de soledad.
  • Expresar el dolor delante de hijos y amigos; esto también les ayudará a ellos a elaborar el duelo.
  • Encontrar formas de recordar a la persona fallecida.
  • Tomarse tiempo para hacer cambios en el ambiente y para decidir qué hacer con las pertenencias del ser querido.

Pasar de tener pareja a no tenerla significa muchos cambios; al fin y al cabo, el compartir tanto contribuyó a definir a cada uno.

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