Estereotipo

“La gente lo clasifica todo en unas pocas nociones preconcebidas, como amistad, amor, matrimonio, aventura, infidelidad, y piensan que la vida cabe en estos conceptos. Pues no cabe.”

– Sándor Márai –

Reflexión sobre estereotipo

La palabra viene de la antigua tipografía, en la que un tipo representaba un sello grabado en metal. Por extensión, el concepto se refiere al conjunto de creencias fijas que un grupo tiene sobre otro, lo que significa que no se alteran fácilmente, que se mantienen a lo largo del tiempo, y que son aceptadas por la mayoría de los integrantes de un grupo.

Por lo general estas impresiones son ideas simplificadas que se basan en prejuicios acerca de los supuestos defectos de un determinado grupo, lo que implica que se aceptan como verdaderas, no se someten a pruebas de verificación; se establecen uniendo características sociales, culturales, raciales o religiosas.

Ejemplo, calificar a los latinos de perezosos, a los jóvenes de rebeldes, a las mujeres de delicadas y a los hombres de fuertes; la publicidad en los diferentes medios y hasta nosotros mismos, nos encargamos de reproducir creencias, que no son fieles a la identidad de tales grupos y que terminan siendo una forma de transmisión de creencias, de formación de un pensamiento colectivo, que a la larga, se convierte en armas de discriminación.

Las etiquetas separan y casi sin darnos cuenta, terminamos pensando en términos de los ricos contra los pobres, los locales contra los extranjeros, los adultos contra los jóvenes y muchas otras divisiones que nos separan como sociedad y nos hacen daño.

Volvernos críticos de la cultura es fundamental a la hora de revisar nuestros prejuicios. La única forma de revertirlos es a través de la educación.

 

Con el puño cerrado no se puede intercambiar un apretón de manos.

 

Lucy Roldán Palacio
Psicóloga, M. D.

 

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